Si alguien te asegura que las mujeres ya vivimos en igualdad, puedes confrontarlo con las estadísticas que demuestran que las mujeres seguimos desprotegidas y somos vulnerables ante la violencia de género.
A nivel mundial, los informes de las Naciones Unidas (ONU) sitúan a la violencia de género como la principal causa de muerte y discapacidad entre las mujeres de 15 a 44 años. Esta alarmante estadística revela que las agresiones machistas causan más fallecimientos en este rango de edad que enfermedades graves como el cáncer, los accidentes de tráfico o los conflictos armados combinados.
La solución es fácil: que los agresores dejen de maltratar a las mujeres. Es lo que pedimos desde la Fundación Ana Bella mientras seguimos apoyando a las víctimas y supervivientes.
Las leyes, las medidas, los planes, los recursos, todo eso es importante y conforma la protección y ayuda de la sociedad y las instituciones, pero el delito se extinguirá cuando los hombres agresores dejen de usar la violencia de género contra las mujeres.
Y en lo sucedido en Ceuta se ha comprobado que las personas más vulnerables somos las mujeres. 23 agresiones sexuales registradas hasta la fecha cuyas víctimas son mayoritariamente niñas menores de edad. Podríamos multiplicar las agresiones y elevarlas a 288 porque sólo el 8% de las agresiones sexuales se denuncian.
Estadísticas globales de protección legal
Los datos recopilados por ONU Mujeres reflejan un panorama de gran desprotección jurídica:
- Sin protección: Más de 600 millones de mujeres viven en países donde la violencia de género no es considerada un delito (lo que equivale aproximadamente al 16% de la población femenina global).
- Protección robusta: Solo el 14% de las mujeres y niñas a nivel mundial (unos 557 millones) viven en países con marcos legales robustos que garantizan plenamente sus derechos humanos básicos.
- Leyes de violencia doméstica: Sólo el 55% de los países cuentan con leyes integrales para abordar la violencia en el hogar. En los países que carecen de estas leyes, las tasas de violencia de pareja son casi el doble en comparación con los que sí las tienen.
- Leyes sobre el consentimiento: Más del 60% de los países del mundo aún carecen de leyes de violación basadas estrictamente en el principio del consentimiento.
- Acoso en espacios públicos: Aunque 151 países penalizan el acoso sexual en el ámbito laboral, solo 39 países disponen de leyes que lo prohíben en espacios públicos.
- Violencia digital: Menos de la mitad de las mujeres en el planeta cuentan con el respaldo de leyes que castiguen el ciberacoso.
¿Qué puedo hacer yo? Estoy leyendo esto, me indigno, pero ¿qué cambia?
Es normal indignarse al leer estas cifras. Pero la indignación, por sí sola, no cambia una realidad. Lo que la cambia es que cada persona decida qué puede hacer para que la violencia deje de normalizarse, tolerarse y justificarse.
No nos pidáis a las mujeres que seamos más prudentes, que nos protejamos más, que denunciemos antes o que aprendamos a detectar las señales. La responsabilidad de la violencia nunca es de quien la sufre. Es de quien la ejerce.
Por eso, necesitamos poner el foco donde corresponde: en los hombres que maltratan, agreden, acosan y ejercen violencia, y también en quienes, pudiendo actuar, miran hacia otro lado.
Necesitamos hombres que cuestionen a otros hombres cuando hacen un comentario machista, justifican una agresión, difunden una imagen sin consentimiento o responsabilizan a una mujer de la violencia que ha sufrido. Necesitamos familias que eduquen en igualdad y en relaciones basadas en el respeto y el consentimiento. Necesitamos centros educativos y empresas que prevengan, detecten y actúen. Y necesitamos instituciones que garanticen recursos suficientes para que ninguna mujer tenga que enfrentarse sola a la violencia.
La prevención no puede empezar cuando una mujer ya está siendo maltratada. Tiene que empezar mucho antes.
Desde la Fundación Ana Bella trabajamos precisamente para transformar esta realidad: apoyamos a mujeres que han sufrido violencia y, al mismo tiempo, trabajamos para prevenirla y para cambiar la mirada social que permite que siga ocurriendo.
Porque las mujeres no necesitamos vivir en un mundo en el que tengamos que aprender a sobrevivir a la violencia. Necesitamos construir un mundo en el que los agresores dejen de ejercerla.
Las cifras nos muestran la magnitud del problema. Ahora nos toca decidir qué hacemos con ellas.
No miremos hacia otro lado. No normalicemos. No culpabilicemos a las víctimas. Eduquemos, intervengamos y actuemos.
Porque la igualdad no se demuestra diciendo que ya existe. Se demuestra cuando ninguna mujer necesita protegerse de la violencia de un hombre.
HAZTE SOCIA- HAZTE SOCIO, tu donativo significa otra mujer más a la que podremos ayudar, GRACIAS.

