- La violencia de género no siempre se ve. A veces aparece en forma de
miedo, silencio, hipervigilancia, cambios de comportamiento… y otras veces
detrás de un niño o una niña que aparentemente “lo hace todo bien”. - La Fundación desarrolla programas de formación y prevención de violencia
de género en centros educativos y trabaja para que los centros se conviertan
en agentes de cambio. Contáctanos:
https://www.fundacionanabella.org/que-hacemos/formaciones/
El colegio puede ser un espacio clave para detectar estas situaciones. El profesorado acompaña diariamente a niños y niñas de 6 a 12 años y puede observar cambios que quizá pasan desapercibidos en otros entornos: cómo se relacionan, cómo juegan, cómo gestionan sus emociones, cómo reaccionan ante los conflictos o incluso cómo afrontan
el momento de volver a casa.
Cuando un niño o una niña vive violencia de género en su entorno familiar, no es necesario que presencie directamente una agresión para verse afectado/a. Escuchar gritos, percibir el miedo de su madre, vivir situaciones de control, amenazas o incertidumbre también puede tener un profundo impacto.
¿Qué señales pueden alertarnos?
No existe una única señal que permita afirmar que un niño o una niña está viviendo violencia de género. Lo importante es observar cambios, patrones y la acumulación de diferentes indicadores.
Entre las señales que pueden llamar la atención encontramos:
- ansiedad, miedo o nerviosismo excesivo;
- hipervigilancia y necesidad de saber continuamente qué va a ocurrir;
- estar pendiente del estado de ánimo de las personas adultas;
- miedo a equivocarse o necesidad de hacerlo todo perfecto;
- cambios repentinos en el comportamiento o el rendimiento escolar;
- aislamiento o dificultades para relacionarse;
- irritabilidad, impulsividad o explosiones de ira;
- bloqueo, apatía o momentos de aparente desconexión;
- baja autoestima o sentimientos de culpa;
- dolores de barriga, cabeza u otras manifestaciones físicas recurrentes;
- alteraciones del sueño o cansancio;
- regresiones en conductas que ya estaban superadas;
- asumir responsabilidades que no corresponden a su edad;
- intentar cuidar emocionalmente de su madre o de otras personas adultas;
- reproducir conductas de control, dominación o violencia en sus juegos o relaciones;
- miedo a volver a casa o preocupación excesiva por quién va a recogerle.
También debemos prestar especial atención cuando un niño o una niña se convierte en “informante” de su madre: cuando cuenta que su padre le pregunta dónde ha estado, con quién ha hablado, qué ha hecho o qué ha dicho. El niño o la niña puede encontrarse así atrapado/a en un conflicto de lealtades que no le corresponde.
Y hay una señal que puede pasar especialmente desapercibida
La violencia de género no siempre se ve en un niño o una niña “con problemas”. A veces podemos encontrar a un niño o una niña que aparentemente funciona muy bien: obtiene buenas notas, cumple las normas, es responsable, ayuda a los demás y apenas genera conflictos.
Pero quizá ha aprendido a no molestar, anticiparse a las necesidades de las personas adultas, controlar sus emociones, evitar cualquier situación que pueda provocar un conflicto o hacerlo todo “perfecto” para que no ocurra nada malo.
Por eso, la pregunta no debería ser solamente:
“¿Qué problema tiene este niño o esta niña?”
También debemos preguntarnos:
“¿Qué puede estar haciendo este niño o esta niña para adaptarse a lo que está viviendo?”
La incertidumbre también es violencia
Para un niño o una niña, no saber qué va a ocurrir puede resultar profundamente
desestabilizador.
“¿Papá estará enfadado?”
“¿Mamá estará bien?”
“¿Qué tengo que hacer para que no se enfade?”
“¿Tengo que contarle a papá lo que ha hecho mamá?”
Cuando un niño o una niña vive esta incertidumbre de manera continuada, puede desarrollar una enorme capacidad para anticipar el peligro y controlar lo que sucede a su alrededor. La hipervigilancia puede ser una estrategia de supervivencia y adaptación, no simplemente un problema de conducta.
Por eso, ante una conducta que preocupa, conviene mirar más allá de la conducta.
El comportamiento es comunicación.
Prevenir también es enseñar a reconocer
La prevención de la violencia de género empieza mucho antes de que aparezca una relación de pareja. En Primaria podemos trabajar desde edades tempranas el respeto, la igualdad, los buenos tratos, la expresión de las emociones, la resolución pacífica de conflictos y la identificación de comportamientos de control y dominación.
En la Fundación Ana Bella creemos que la experiencia de las mujeres supervivientes puede convertirse en una herramienta de transformación social. Por eso desarrollamos programas de sensibilización y prevención en centros educativos, involucrando a mujeres supervivientes como agentes de cambio. La Fundación cuenta con una trayectoria de talleres de prevención y formación en centros educativos, utilizando el conocimiento y la experiencia de las supervivientes para ayudar a identificar señales de alarma y prevenir la violencia de género.
Nuestra metodología parte de una idea poderosa:
Las supervivientes no somos el problema. Somos parte de la solución.
Una tallerista superviviente puede transmitir al alumnado un mensaje que va mucho más allá de la teoría: es posible salir de una situación de violencia, recuperar la propia vida y construir relaciones basadas en el respeto y la igualdad. La Fundación Ana Bella trabaja precisamente para convertir la experiencia de las supervivientes en empatía, conocimiento y capacidad de cambio.
¿Eres un centro de Educación Primaria?
Si eres docente, orientador/a, equipo directivo, responsable de igualdad o de bienestar y protección de un centro educativo y quieres trabajar la prevención de la violencia de género desde la infancia, desde la Fundación Ana Bella podemos acompañaros.
Realizamos talleres de prevención y sensibilización adaptados al alumnado, trabajando desde la igualdad y los buenos tratos y proporcionando herramientas para que niños y niñas puedan reconocer situaciones que no son saludables, expresar lo que sienten y saber cuándo y cómo pedir ayuda. Porque detectar a tiempo puede cambiar una vida. Y porque educar en igualdad desde Primaria significa dar a niños y niñas herramientas para construir relaciones más sanas, libres de violencia y basadas en el respeto.
¿Quieres llevar estos talleres a tu centro?
Contacta con la Fundación Ana Bella y cuéntanos qué necesita vuestro colegio.
Fundación Ana Bella – Formaciones en centros de enseñanza
La Fundación ya desarrolla programas de formación y prevención de violencia de género en centros educativos y trabaja para que los centros se conviertan en agentes de cambio.

